Ciudad de México., a 14 de agosto de 2026
Llevar el apellido Valdés en el espectáculo mexicano puede abrir puertas, pero también obliga a demostrar que existe una historia propia detrás de uno de los nombres más reconocidos de la comedia nacional y Marcos llega este 2026 a 45 años de carrera artística, una trayectoria que comenzó en 1981 y que lo ha llevado por el teatro, la música, la televisión, el cine, el doblaje y la conducción, tanto en México como en Estados Unidos.
Hijo de Manuel “El Loco” Valdés y sobrino de Germán Valdés “Tin Tan” y Ramón Valdés, Marcos creció bajo la sombra de una dinastía que marcó generaciones enteras del entretenimiento mexicano. Sin embargo, asegura que durante sus primeros años ni siquiera podía hacer pública su relación familiar con “El Loco”.
Su historia profesional comenzó lejos de los reflectores, mientras estudiaba actuación con Manolo Fábregas y otros maestros, cuando en 1981 recibió de Susana Alexander la oportunidad de incorporarse como asistente de dirección en una puesta teatral. El trabajo le permitió obtener recursos para continuar pagando sus estudios.
Después llegaron nuevas oportunidades como en 1982 cuando participó en Peter Pan y posteriormente formó parte de Las Hermanitas de Acámbaro, junto a figuras como Lucha Villa, Ninón Sevilla y María Victoria. En 1984 se incorporó a José el Soñador y un año después decidió probar suerte también como cantante.
En 1985 participó en Valores Juveniles, certamen al que, recuerda, se inscribieron alrededor de 14 mil aspirantes y logró avanzar hasta quedar finalmente entre los 10 finalistas.
El encuentro que cambió su carrera
Uno de los momentos decisivos llegó ese mismo año después de una presentación en el restaurante Arroyo, al recibir una llamada que pensó estaría relacionada con la promoción de su disco Amor sin Fronteras. Del otro lado, sin embargo, estaba una oportunidad que transformaría su carrera: Raúl Velasco quería convertirlo en conductor de Estrellas de los 80.
Marcos permaneció cinco años en el programa, compartiendo la conducción con Claudia Córdova y Gloria Calzada y presentando a algunos de los artistas y grupos que definieron musicalmente aquella década. Fue también entonces cuando el público conoció un dato que hasta ese momento había permanecido prácticamente oculto: Marcos era hijo de Manuel “El Loco” Valdés. El apellido comenzó a acompañarlo públicamente desde entonces.
“No hay duda de que el hecho de ser un Valdés te ayuda”, reconoce al recordar aquellos años, pero junto con las oportunidades apareció también una etiqueta que, asegura, lo ha acompañado durante buena parte de su vida profesional: la idea de que su carrera fue producto únicamente de su parentesco.
Sin embargo, cuatro décadas y media de trabajo ofrecen hoy otra perspectiva.
De la televisión a Disney
Tras aquella etapa llegaron telenovelas como Alcanzar una estrella, Alcanzar una estrella II, Caminos cruzados, El alma no tiene color y Rencor apasionado, además de programas como Mi barrio.
Más adelante se incorporó a TV Azteca, donde participó en Rola la Rola y Romántica obsesión, entre otras producciones. Su voz también llegó a una nueva generación de espectadores porque en 1997 Disney lo eligió para interpretar en español a Filoctetes (Phil), personaje interpretado originalmente por Danny DeVito en Hércules. Años después volvería al doblaje para dar voz a Baloo en El Libro de la Selva 2, personaje especialmente significativo para él por la relación que su tío Tin Tan había tenido con el universo de Disney.
A ello se sumaron cinco discos propios, participaciones en grabaciones colectivas y una carrera teatral que, de acuerdo con el propio actor, supera las 40 obras. Su trayectoria cruzó además la frontera durante alrededor de una década, al trabajar para Univision en Texas, donde participó en Alegre despertar y El Show de Marcos Valdés. Posteriormente recorrió Estados Unidos con el Circo Hermanos Vázquez como maestro de ceremonias bilingüe.
El peso y el orgullo de ser un Valdés
Con el paso de los años, aquello que inicialmente representó una presión terminó convirtiéndose también en una misión personal. Marcos comenzó a personificar a Germán Valdés “Tin Tan” desde finales de los años ochenta y desarrolló un espectáculo dedicado a preservar la memoria artística de su familia.
Para él, Tin Tan había sido un ídolo incluso antes de saber que era su tío. Películas como El rey del barrio, Calabacitas tiernas, El Ceniciento y El revoltoso despertaron desde niño su admiración por la naturalidad, el humor, el baile y la capacidad musical del llamado “Pachuco de Oro”.
Pero quizá uno de los momentos más importantes de estos 45 años no ocurrió frente a una cámara. Fue en 2015. Marcos contrató a su propio padre para realizar presentaciones en Houston y McAllen, Texas. Manuel Valdés apareció interpretándose a sí mismo y Marcos personificó a Tin Tan.
Después de una de aquellas funciones, padre e hijo pudieron sentarse juntos, tomar una copa y hablar durante horas. “Fue el mejor momento de mi vida, porque nos abrimos como padre e hijo”, recuerda.
Manuel “El Loco” Valdés falleció el 29 de agosto de 2020. Su madre Rosa María Bojalil Garza murió un año después, el 11 de agosto.
“Lo único que realmente tenemos es tiempo”
A los reconocimientos, programas, discos y escenarios se sumaron también golpes personales y profesionales. Marcos habla abiertamente de pérdidas económicas, malas decisiones y de uno de los aspectos que considera más difíciles del espectáculo: enfrentarse a los egos, la competencia y la prepotencia que pueden existir dentro del medio.
Hoy observa esas experiencias desde otra perspectiva. Dice encontrarse en lo que, utilizando el lenguaje del fútbol americano que practicó durante su juventud, llama “el último cuarto” de su vida. Y hay algo que después de 45 años considera más importante que la fama, los premios o el dinero: el tiempo.
“Lo único que realmente tenemos es tiempo. No existe otra cosa más valiosa en la Tierra”, afirma. Por eso, lejos de pensar en el retiro, prepara nuevos proyectos. Actualmente ensaya Ardid, una obra de época; planea un nuevo disco y escribe una historia autobiográfica sobre su infancia, adolescencia, tropiezos y momentos difíciles.
Su intención, explica, es convertir esas experiencias en un mensaje para quienes atraviesan situaciones adversas: siempre existe la posibilidad de levantarse y comenzar nuevamente.
45 años después, otra vez frente al público
Y mientras esos proyectos toman forma, Marcos Valdés continúa haciendo aquello con lo que comenzó esta historia hace cuatro décadas y media: subirse a un escenario.
Este sábado 15 de agosto presentará bajo la dirección de su manager Edmundo Enciso Villarreal el Homenaje a los Valdés en el Bar Kamerino 22 del Hotel Royal Pedregal, espectáculo en el que recuerda y personifica a integrantes de una familia fundamental para la historia de la comedia y el entretenimiento en México. La función, informó el propio Marcos Valdés, se encuentra ya sold out.
Será también una manera de celebrar sus primeros 45 años de carrera artística.
Una carrera marcada inevitablemente por un apellido legendario, pero construida escenario por escenario durante casi medio siglo.
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